Cinco años

Estamos en el año 2020, año que todos fácilmente recordarán como el año de la pandemia, pero que nosotros recordaremos con cansancio y dolor como el año de la recaída de mi hija.

Debo confesarles algo: una vez que mi hija comenzó a recuperarse (no completamente, como queda claro con esta recaída) de su primer episodio de anorexia, de a poco comencé a dejar de lado este proyecto. El trauma que sufrimos todos los que cuidamos a una persona con un trastorno de la conducta alimentaria es profundo. Me encontré cada vez alejándome más de los grupos de apoyo en Facebook, y del foro Around The Dinner Table (que menciono una y otra vez en este página como el espacio que salvó a mi hija en el año 2015). De alguna manera, al sanar mi hija, quería alejarme lo más posible del dolor que vivimos.

Pero, las cosas suceden de una manera extraña. Luego del primer brote de anorexia en el año 2015 (cuando mi hija estaba a punto de cumplir 12 años), mi hija quedó con varias secuelas gastrointestinales. Comenzó a sufrir de reflujo, hinchazón constante, estreñimiento, entre otros síntomas. Comencé a sentir algo de culpa por el estrés por el cual hicimos pasar su sistema digestivo durante esos años de realimentación, pero siempre reconocimos como padres que era lo que debíamos hacer. A mi hija la veíamos muy bien, física y anímicamente. Y pasó lo que uno nunca piensa que pasará: nos relajamos. Durante el año 2019, con tanto malestar gastrointestinal, decidimos restringir algunos alimentos. Sacamos la leche completamente, e incluso llegamos en un momento a reemplazar el pan por arepas. La verdad es que nada de esto ayudaba, y mi hija seguía con reflujo constante (al menos 3 o 4 veces por semana). Me empecé a preocupar excesivamente por esto, ignorando que lentamente estaba comenzando a bajar de peso. A comienzos de este año, mi hija ya estaba comenzando a mostrar signos fuertes de ansiedad e incluso llegó a autolesionarse (cortes en los brazos y piernas). Me comencé a convencer de que el problema era que no estaba recibiendo los nutrientes necesarios, pero no sé por qué nunca pensé que recaería en la anorexia.

Adelantamos a septiembre de 2020: mi hija tuvo un intento de suicidio. El dolor en el alma de una madre frente a un suceso como este es inexplicable. Durante agosto nos percatamos que estaba bajando de peso (lo cual nos extrañaba, ya que la alimentábamos cuatro veces al día), y tuvimos temor de que la anorexia estaba volviendo. Sin embargo, sólo luego de su intento de suicidio descubrimos bolsas de comida sin comer escondidas por lugares recónditos de su habitación. Aquí creo que es importante recordar algo: Amamos a nuestra hija sobre todas las cosas. Tenemos una buena relación con ella. Somos muy cercanos. Pero aún así, hubo cosas que no supimos predecir. Nunca, NUNCA hubiese imaginado a mi hija capaz de esconder comida, autolesionarse, y menos aún, intentar suicidarse.

Mi hija estuvo en el hospital psiquiátrico por dos semanas. Durante esas semanas descubrimos que estaba fuertemente anoréxica desde al menos dos meses a través de escritos, dibujos, y su historial de búsqueda en internet. Luego volvió a casa y comenzamos el proceso lento y doloroso de realimentarla. A diferencia de la primera vez, esto sólo ha requerido 2500 calorías al día. A pesar de esto, la ideación suicida y los pensamientos depresivos no pasaban. Todo lo contrario, parecían empeorar cada vez más. Al observar con detalle los sucesos, nos percatamos de que el medicamento psiquiátrico era el que estaba generando en mi hija los síntomas depresivos y la ideación suicida.

Son tantos los detalles de esta historia, pero les quiero decir lo siguiente: dos meses luego de su vuelta a casa, mi hija está mejor de lo que hubiésemos imaginado. En este momento, juega video juegos con su mejor amigo, ríe, nos abraza, y me habla de lo que siente. La anorexia aún está, pero queda poco para lograr la realimentación completa de nuestra hija, y se ve hermosa. Una vez más, nos enfrentamos a esta bestia, y pareciera que le estamos ganando con furia. Nuevamente, confirmamos que la realimentación es lo la tarea principal para sanar esta maldita enfermedad.

Pero lo más importante que les quería compartir es que nunca más dejaré de lado esta tarea tan importante que me propuse hace cinco años: EDUCAR FUERTEMENTE A PADRES, MADRES, SERES QUERIDOS Y PROFESIONALES ACERCA DE LA BIOLOGÍA DE LA ANOREXIA Y DE LA NECESIDAD DE FOCALIZAR EL TRATAMIENTO EN LA REALIMENTACIÓN. Ya van dos veces, ambas de las cuales han mejorado NO con psicoterapia, NO solamente con tratamiento farmacológico, sino con COMIDA.

Pronto compartiré más. Un abrazo para todas y todos. Y nunca dejen de luchar.