Aprendiendo a Luchar sin Rabia

Ayer terminé de traducir un documento excelente de Tabitha Farrar, un Kit de Recuperación para adultos con un trastorno alimentario (aún no me responde el correo que le envié con la traducción; espero que lo haga pronto para que este documento esté disponible en español para todos quienes lo pudiesen necesitar!), y me encontré con cómo esta mujer, que no sólo luchó años por vencer la anorexia, lucha a diario con personas que le envían mensajes llenos de rabia y defensividad porque no están de acuerdo con las cosas que escribe acerca de lo que ella cree necesario para realmente vencer un trastorno alimentario.

Personalmente, me cuesta mucho enfrentar esas situaciones. Las personas están acostumbradas a hablar de temas de los cuales saben poco como si contaran con la verdad. Es frustrante. A lo largo de estos años siendo activista en esta área, me he encontrado con situaciones que me dejan un gusto amargo. Profesionales subestimando mi trabajo (y de pasada interfiriendo en el tratamiento que llevo con los pacientes), padres que no creen que la rehabilitación nutricional realmente sea lo más importante (e insisten en buscar un terapeuta que llegue “al fondo” de la situación), y colegas que, a pesar de leerme y saber que existen modelos apoyados por la evidencia que tienen una efectividad mucho mayor que las terapias basadas en la introspección, eligen seguir con métodos anticuados que incluso puede resultar dañino.

Admiro enormemente a personas como Judy Krasna, directora ejecutiva de F.E.A.S.T., que a pesar de haber sido afectada de la peor manera por un trastorno alimentario (perdió a su hija, Gavriella, en el año 2020 debido a un trastorno alimentario del cual nunca se pudo sanar), es gentil, comprensiva, y abierta a escuchar a aquellos que no piensan cómo ella. Yo quiero ser como estas personas, luchar desde la avenida de la comprensión y empatía más que desde la rabia y la frustración.

Todas las personas que hemos vivido de cerca de alguna u otra forma la realidad de un trastorno alimentario sabemos lo profundamente traumático que es. Muchos hablan de quedar con algo de TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático) luego de esta experiencia, aunque en su mayoría los que lo sienten y viven así son los padres/la familia del afectado más que el afectado mismo (quien muchas veces ni recuerda muy bien la experiencia, debido a que su cerebro no se encontraba en condiciones de funcionar normalmente, y por ende, de recordar con claridad).

En mi caso particular, he decidido utilizar toda mi experiencia como el impulso que me lleva a continuar. ¿Y saben lo que más me motiva a hacerlo? Las miles de familias allá fuera que están luchando con un ser querido atrapado por estas enfermedades. Me da horror pensar en lo que están viviendo, y siento que con cada publicación, cada traducción, cada imagen creada para mi cuenta de instagram, estoy ayudando a alguien a mirar de frente al trastorno alimentario y decirle, “no te voy a permitir seguir destruyendo mi vida”. Y eso me basta para seguir.

La rabia me moviliza, es cierto, pero lo que más me empuja a hacer este trabajo es la empatía. La empatía con esas miles de familias que sufren a diario con el miedo de perder a sus hijos para siempre, con esas personas que se sienten absolutamente dominadas por su TCA, por las personas que no pueden llevar una vida normal debido a estos trastornos.

Entonces, sigo. Por ti, por mí, por todos.

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